Lunes 04 de Mayo, 2026
Cuando nací, mis padres ya eran cristianos. Toda mi vida estuve involucrada en una iglesia: al principio como congregante y luego, a medida que fui creciendo, comencé a participar en diferentes actividades. Fui maestra en la Escuela Bíblica de niños, participé en las actividades de los jóvenes y toqué música en la banda de la iglesia. Cualquier actividad que hubiera, ahí estaba yo, lista para ayudar y servir a Dios. Eso era lo que sentía que significaba estar en el ministerio y ayudar a otros.
Sin embargo, hace algunos años empecé a sentir cierta incomodidad en mi interior. No sabía realmente qué estaba sucediendo. Al hacer una autoevaluación, el resultado parecía positivo: iba a la iglesia, estaba involucrada en el ministerio, leía la Biblia, oraba y tenía una hermosa familia. Entonces, ¿qué estaba pasando? Poco a poco empecé a acercarme en oración a Su presencia, ya no con largas listas de peticiones o deseos en mi corazón. Comencé a anhelar estar con Él, a reducir las voces internas, a enfocarme en adorarlo y a escuchar Su voz. Me di cuenta de que la incomodidad que sentía se debía a que necesitaba pasar más tiempo con Él y anhelar más Su presencia.
Muchas veces pensamos que estamos haciendo las cosas bien porque en nuestra rutina matutina está leer la Biblia y orar; pero, en realidad, podemos hacerlo como una obligación o porque creemos que eso es lo que se espera de un buen cristiano. Pero Dios está interesado en que pasemos tiempo con Él solo por amor, para conocerlo más. Conozco a personas que piensan que no es necesario tener un tiempo devocional porque dicen que están en comunión permanente con Dios. Esa es una gran verdad; la Biblia dice: “oren sin cesar”, pero también es importante separar un tiempo, alejarnos de nuestras obligaciones y dedicarlo a Él. Allí es donde renovamos nuestras fuerzas, encontramos nuestro propósito y Dios nos muestra lo que aún necesitamos cambiar. Allí la ansiedad queda bajo su control. Entonces, ¿por qué poner excusas y dejar de lado este maravilloso encuentro con nuestro Creador?
Nada ni nadie puede llenar nuestros vacíos emocionales. Solo el Señor puede llegar a lo profundo de nuestro corazón e iluminar, con la luz de Su presencia, las habitaciones oscuras y olvidadas de nuestro interior. Busquemos Su rostro, no solo Su mano.
He oído a muchas personas decir que “no tienen tiempo para estar a solas con Dios”. Si este es tu problema, establece como primera prioridad llegar a amar a Dios con todo tu corazón. Eso resolverá la mayoría de tus problemas en este sentido.
Quiero pasar tiempo a solas con el Señor, no para tener una relación con Él, sino porque ya la tengo. Y como ya tengo esa relación de amor con Él, quiero encontrarme con el Señor en mi tiempo de quietud.
“Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, entonces todas estas cosas les serán añadidas”.
Mateo 6:33 (NVI)
Oración
Señor, hoy me acerco a Ti con un corazón sincero. No vengo por obligación ni por costumbre, sino porque te amo y anhelo conocerte más. Enséñame a buscarte por quién eres, y no solo por lo que puedes darme.
Ayúdame a bajar el volumen de las voces que me distraen, para encontrarme contigo y traer descanso a mi alma. Renueva mis fuerzas en Tu presencia, ordena mis prioridades y despierta en mí un deseo genuino de estar contigo.
Que mi relación contigo no sea una rutina, sino un encuentro vivo, profundo y transformador. Lléname, Señor, en esos espacios donde nada ni nadie puede llegar, y haz de mi tiempo contigo el lugar donde todo cobra sentido.
Hoy decido buscar tu rostro, porque sé que en Ti está todo lo que necesito. Amén.