Lunes 09 de Marzo, 2026
Cuando Sarai, Dios aún no le había cambiado el nombre, vio que la espera por tener un hijo se hacía cada vez más larga, decidió tomar el asunto en sus manos: le dijo a Abram que tomara a Agar, su esclava, para que así pudieran tener descendencia. La propuesta de Sarai, implicaba actuar al margen de la promesa que Dios les había dado; era una decisión en la que ya no había lugar para la fe.
Abram, Dios aún no le había cambiado el nombre, accedió y se unió a Agar. Pero, como suele suceder cuando actuamos según nuestros propios planes, todo comenzó a complicarse. Agar empezó a mirar con desprecio a Sarai, y eso llevó a Sarai a recriminar a Abram y a responsabilizarlo por la situación. Sin embargo, en esta historia nadie tiene completamente la razón, porque ninguno se está dejando moldear por Dios.
Sarai estaba perdiendo el control de la situación. Primero quiso controlar el tiempo: al ver que no quedaba embarazada, ideó entregar a su esclava. Pero luego perdió el control cuando se sintió humillada por Agar. Después intentó controlar a Abram y exigirle que resolviera el problema, pero Abram respondió que ella hiciera con Agar lo que le pareciera mejor (Génesis 16:6).
Las promesas de Dios no dependen de nuestra capacidad de no equivocarnos; más bien, muchas veces brillan en medio de nuestras debilidades. Aunque Sarai actuó de manera incorrecta, no pudo frustrar los planes que Dios tenía para ella: ser madre de multitudes. Y si buscamos en Hebreos 11, la encontramos en la galería de los hombres y mujeres de fe. En el versículo 11 leemos: “Por la fe, incluso Sara, a pesar de su avanzada edad y de que era estéril, recibió fuerzas para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa”. Las equivocaciones pueden traer consecuencias y dolor, pero no podrán cambiar los planes de Dios para tu vida. No puedo asegurarte qué Dios responderá exactamente a esa petición que hoy le estás haciendo, pero sí puedo asegurarte que Él cumplirá sus promesas de:
- salvación sobre tu vida
- protección
- amor incondicional
- cuidado
- vida eterna
Aunque la espera fue larga, durante esos once años, Sara:
- nunca fue excluida de los planes de Dios
- no fue ignorada
- no fue olvidada
Desde el principio, Sara estuvo en los planes de Dios como madre de muchedumbre.
Si estás en Cristo, nada, absolutamente nada, puede tocar tu identidad en Él. Y no hablo de la ausencia de problemas o crisis, sino de que ninguna circunstancia puede alterar el propósito eterno de Dios. La fidelidad de Dios está arraigada en Su carácter; por eso es imposible que Él no cumpla sus promesas. No te enfoques solamente en que Dios responda tus peticiones o te dé garantías visibles; enfócate en su Palabra y ten la plena seguridad de que, aunque una enfermedad, un divorcio, un diagnóstico o una pérdida se interpongan en tu camino, nada, absolutamente nada, puede cambiar los planes que Dios tiene para tu vida, porque tu vida está en SUS manos.
Oración
Señor, ayúdame a descansar en tus promesas aun cuando no vea resultados inmediatos. Enséñame a no adelantarme a tus tiempos y a confiar en que tu fidelidad sostiene mi vida más allá de mis errores, porque tus planes siempre permanecen firmes. Amén.