Lunes 05 de enero, 2026
“Cuando vean la plomada en las manos de Zorobabel, se alegrarán los que menospreciaron los días de los modestos comienzos. ¡Estos son los siete ojos del Señor que recorren toda la tierra!” Zacarías 4:10
Comenzando con el primer devocional del año, quiero recordarte un versículo que en su momento hemos compartido, pero que resulta muy adecuado para este inicio de 2026.
Estrenar un nuevo año trae aparejados nuevos comienzos, nuevas metas y resoluciones. No estoy en contra de eso, pero a veces nos proponemos objetivos muy altos o difíciles de alcanzar, y eso conlleva frustración. No suelo hacer grandes resoluciones para el año nuevo; mi intención siempre es afinar mi oído espiritual para nunca perder el enfoque y ser obediente. Sin embargo, suele suceder que miramos nuestro comienzo de año y no es como lo esperábamos. Seguimos arrastrando los mismos conflictos que pensábamos que quedarían en 2025. Pero aquí estamos, en el comienzo de un nuevo año, con esperanzas renovadas, confiando en que nos irá mejor, aun cuando nuestro presente nos desanime un poco al pensar que lo que estamos haciendo es muy poco o insuficiente.
Esto me recuerda al pueblo de Israel cuando, al regresar del exilio, se propusieron reconstruir el templo. Cuando pusieron las bases para comenzar, no se parecía en nada a la grandeza del templo anterior, construido por Salomón. Los más jóvenes gritaban de alegría, pero los más ancianos, que recordaban la gloria del anterior, lloraban de tristeza (Esdras 3:12). Ellos menospreciaron esos días de modestos comienzos. Sin embargo, Dios estaba presente en esos comienzos, ya que muchos años después Jesús entraría en ese mismo templo.
La plomada en las manos de Zorobabel, nos recuerda que Dios tiene un propósito con cada uno de nosotros y que, aunque algo parezca pequeño, cuando está bien alineado puede hacer que la construcción sea firme y tenga buenas bases. Esa plomada nos ayuda a alinearnos con la voluntad de Dios. Y los siete ojos del Señor nos dan la plena seguridad de Su presencia y de que nada de lo que hacemos pasa desapercibido para Él.
Dios ve cada esfuerzo, aun el pequeño y silencioso. Cuando tomamos pequeñas decisiones que nadie ve ni aplaude, esos también son comienzos que no debemos despreciar. Este versículo nos invita a no menospreciar lo que Dios está haciendo en nosotros y a mirar nuestra vida a través de Sus ojos. Él no se apresura ni se frustra con nosotros; Él obra con paciencia y propósito. Lo pequeño, cuando está en Sus manos, nunca es insignificante.
Oración:
Señor, ayúdame a no menospreciar los comienzos pequeños. Dame ojos para ver Tu obra en mi vida aun cuando parece insignificante, y un corazón paciente para confiar en Tus tiempos. Gracias porque Tú ves cada paso, cada esfuerzo y cada proceso que atravieso. Alinea mi vida con Tu voluntad y recuérdame que, si Tú estás en ello, lo que hoy es pequeño crecerá conforme a Tu propósito. Amén.