Lunes 20 de Julio, 2026
“Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”.
Proverbios 3:5 (NVI)
Hay pérdidas que tienen un final claro. Un funeral crea un espacio para despedirse; establece una fecha que marca un antes y un después. Aunque duela profundamente, sabemos qué ocurrió y podemos comenzar el proceso de duelo.
Sin embargo, existen otras pérdidas mucho más difíciles de nombrar. La psicóloga, terapeuta familiar e investigadora Pauline Boss las denomina “pérdidas ambiguas”. Son situaciones en las que el corazón queda suspendido entre la esperanza y el dolor. Por ejemplo:
- Un padre que lleva años esperando noticias de un hijo desaparecido.
- Una persona que cuida a su cónyuge con Alzheimer y siente que está físicamente a su lado, aunque la persona que conoció parece desvanecerse poco a poco.
- Alguien que fue abandonado sin explicación y vive preguntándose por qué.
- Quien ama a una persona atrapada por una adicción o una enfermedad mental y siente que ya no es la misma.
- Un esposo o una esposa que está físicamente en la casa, pero emocionalmente ausente.
- Una persona que no sabe si quiere continuar con su matrimonio, pero que tampoco ofrece un cierre ni intenta trabajar junto con su cónyuge para reconstruir la relación.
La mente busca respuestas que no encuentra. El corazón anhela un cierre. Sin embargo, muchas veces ese cierre nunca llega.
Vivimos en una cultura que insiste en que toda herida debe sanar por completo y que todo duelo debe resolverse. La Biblia, en cambio, nos muestra una realidad diferente. En ella encontramos hombres y mujeres de fe que caminaron durante años sin comprender lo que Dios estaba haciendo y que no tuvieron un cierre claro para sus situaciones.
Abraham salió sin saber adónde iba. José pasó años en prisión sin entender el propósito de su sufrimiento. David escribió salmos llenos de preguntas. Job nunca recibió una explicación detallada de sus pérdidas y de su dolor. Incluso María permaneció al pie de la cruz, viendo morir a su Hijo, sin comprender todavía la magnitud del plan de Dios.
La fe bíblica no consiste en tener todas las respuestas, sino en confiar en Aquel que sí las tiene. No siempre podremos resolver la incertidumbre, pero sí podemos decidir en quién descansará nuestro corazón mientras esperamos.
Dios no nos promete una vida sin preguntas. Nos promete Su presencia en medio de ellas.
Mientras nosotros buscamos explicaciones, Él nos ofrece Su compañía. Mientras nosotros ansiamos controlar el futuro, Él nos recuerda que continúa sosteniendo nuestra historia.
Dejemos de esperar explicaciones racionales para aquello que nos resulta inexplicable y enfoquémonos en lo que sí podemos afirmar: Dios está con nosotros. Existen situaciones que quizá nunca se resuelvan y con cuya incertidumbre tendremos que aprender a vivir, pero podemos hacerlo sabiendo que Dios nos fortalece.
La pérdida ambigua, puede ser devastadora y ocasionar efectos traumáticos duraderos. Sin embargo, con el Señor a nuestro lado, podemos atravesar estas experiencias y aprender a vivir en medio de circunstancias difíciles. Esto implica encontrar un equilibrio entre hacer duelo por lo que hemos perdido, como sucede al acompañar a un familiar con Alzheimer, y reconocer aquello que todavía es posible.
Aprender a vivir sin un cierre claro no significa que necesitemos alcanzar una claridad absoluta, sino reconocer que algunas pérdidas son ambiguas. En ocasiones, el duelo no puede resolverse de la manera habitual. Aun así, podemos enfrentar la pérdida de un ser querido que está presente físicamente, pero ausente psicológica o emocionalmente, ya sea debido a una enfermedad mental, una adicción o una separación.
Podemos atravesar esas situaciones con nuestra esperanza puesta en el Señor, permitiendo que Su presencia gobierne nuestra vida y nos ayude a avanzar a pesar del dolor.
Tal vez nunca tengas claridad acerca de esa situación. Por eso, será fundamental que aprendas a vivir con esa pérdida ambigua, comprendiendo que las respuestas no siempre son lo más importante. Algunas de ellas solo las conoceremos en la eternidad. Hasta entonces, caminamos por fe y no por vista (2 Corintios 5:7).
¿Hay alguna situación en tu vida que todavía no tiene respuesta?
¿Estás esperando que Dios te explique por qué te abandonaron?
¿Por qué ese ser querido no sana?
¿Por qué la demencia hace que mi esposo o mi esposa esté presente físicamente, pero al mismo tiempo parezca estar ausente?
¿Qué cambiaría si, en lugar de intentar controlar la incertidumbre u obtener todas las respuestas, decidieras descansar en los brazos de Dios?
Oración
Señor, hay preguntas que continúan abiertas y pérdidas que todavía duelen. Muchas veces deseo respuestas inmediatas, pero hoy decido confiar en Ti, aun cuando no comprenda todo lo que sucede a mi alrededor.
Enséñame a descansar en tu amor, a creer que sigues obrando aun cuando no pueda verlo y a caminar cada día sostenido por tu presencia. Enséñame a vivir y a transitar la ambigüedad de aquellas situaciones en las que no encuentro respuestas ni una salida clara.
Que mi paz no dependa de tener todas las respuestas, sino de saber que Tú nunca me abandonarás.
En el nombre de Jesús. Amén.