Lunes 25 de Mayo, 2026
Varias veces he escuchado oraciones como:
• “Señor, quiero hacer tu voluntad; por favor, dime si estoy equivocado y bendíceme si estoy en lo correcto.”
• “Señor, avanzaré en esta dirección, pero cierra la puerta si no es tu voluntad.”
Pero la realidad es que este modelo no es bíblico. No podemos permitir que nuestra vida sea guiada solamente por la experiencia o por las circunstancias. Si queremos conocer la voluntad de Dios y escuchar su voz, tenemos que invertir tiempo en cultivar una relación con nuestro Dios. Ese es el método bíblico; esa es la clave para reconocer su voz y oír cuando Él habla. Siempre estamos pidiéndole a Dios un mapa detallado de lo que debemos hacer, pero lo que realmente necesitamos es seguirlo un día a la vez. Cuando leemos la Biblia, el Espíritu Santo es quien nos ayuda a comprender lo que leemos y nos enseña.
Hace un tiempo leí algo muy interesante sobre conocer la voluntad de Dios. El autor decía que, a veces, nos preguntamos: “¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?”, pero este es un enfoque incorrecto. ¿Por qué? Porque está centrado en mí, no en Dios. La pregunta correcta sería: “Señor, ¿cuál es tu voluntad?”. Esto está centrado en Dios, no en mí. Por lo tanto, lo que tengo que hacer es observar lo que Dios está haciendo, lo que me está mostrando, y unirme a Él. Cuando sé lo que Dios está haciendo, entonces puedo saber lo que necesito hacer. Ese enfoque está en Dios, no en mi vida ni en mis deseos.
En mi vida, varias veces he experimentado el silencio de Dios, como si mis oraciones no pasaran del techo. Pero, con el tiempo, me di cuenta de que, aunque no entendía ese silencio, la respuesta llegó en el momento indicado. La demora fue una oportunidad para que Dios se revelara más en mí, de una manera que yo jamás había conocido. Él se reveló a sí mismo de una manera maravillosa.
Ahora, cuando siento silencio, me preparo para una nueva experiencia con Dios.
Solo el Espíritu Santo sabe lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. En 1 Corintios 2:10-12, leemos:
“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.”
Oración
Señor, ayúdame a confiar en Ti aun cuando no entienda el camino. Enséñame a reconocer tu voz por medio de tu Palabra y a caminar contigo un día a la vez. Que mi vida refleje tu voluntad y que, aun en el silencio, pueda descansar sabiendo que Tú sigues obrando en mí. Amén.