Lunes 13 de Abril, 2026

Hay momentos en la vida en los que algo nos golpea inesperadamente. Quizás no vimos venir ese golpe porque estábamos mirando en otra dirección, pero fue tan certero que hizo temblar todo a nuestro alrededor. Esos golpes no siempre dejan marcas visibles, pero sí dejan huellas profundas en el alma. En un instante, nuestro mundo se ve interrumpido de forma violenta. Este tipo de golpes, difíciles de prever y que incluso pueden derribarnos, nos exigen enfrentarlos. Si los negamos o nos engañamos, tal vez funcione por un tiempo, pero a la larga nos llevará por un camino más largo y doloroso.

No importa lo que haya sucedido ni quién fue el que te lastimó: lo valioso sigue estando dentro de ti. Nadie puede quitarte lo que Dios ha puesto en tu interior. Eres valioso para Él. Alcanzarás la victoria, no necesariamente porque las circunstancias cambien de inmediato, sino porque, en medio del proceso, comprenderás quién eres para Dios. Esto lleva tiempo; es un proceso. Él quiere usar ese dolor para llevarte a tu destino. Dios puede sacar algo bueno incluso del golpe más difícil que hayas recibido.

Ser sanado implica permitir que el Espíritu Santo nos ayude a entender nuestras heridas desde otra perspectiva. Mientras nos enfoquemos únicamente en el golpe, en la persona que lo causó o en el contexto, será difícil sanar. La sanidad divina comienza cuando reconocemos que estamos heridos. No se trata tanto del golpe en sí, sino de lo que sentimos cuando lo recibimos. Es ahí donde Dios comienza a revelarnos las raíces de nuestras heridas.

Por ejemplo, si alguien habla mal de mí, puedo enfocarme en la persona y decir:
“¿Cómo se atreve a hablar así de mí?”, o puedo detenerme y decir: “Esto me dolió, Señor, ¿qué hay en mí que necesita ser sanado? ¿Qué herida, quizás de mi infancia, está siendo expuesta?”. No significa que el dolor no importe; claro que duele. Pero cuando permanecemos demasiado tiempo en ese lugar, descubrimos que no es solo el golpe lo que nos mantiene ahí, sino heridas internas que aún no han sido sanadas. Y cuando las heridas son nuestro motor y conducen nuestra vida, no cabe duda de que habrá una tragedia. Por eso, hoy es el día. Este devocional puede ser el comienzo de los primeros pasos hacia tu sanidad completa.

Y es precisamente ahí donde ocurren los milagros: en Su presencia, cuando le entregamos nuestro dolor y permitimos que Su sanidad inunde nuestro corazón. Esta es una oportunidad para sanar. Dios puede usar ese golpe para acercarte más a Él. Dile: “Señor, revélame la raíz de esta herida”.

El golpe que recibiste no fue tu culpa, pero buscar sanidad sí es tu responsabilidad. El primer paso es reconocer que hemos sido heridos. El golpe solo puso en evidencia lo que ya había en nuestro corazón. Dios no puede sanar aquello que nos negamos a reconocer. Tal vez recuerdes experiencias de tu infancia; escríbelas.

Aquí tienes una guía para comenzar a enfrentar esas heridas en Su presencia. Es un buen ejercicio para iniciar el proceso:

  • Lo que te dijeron: “Eres un tonto, todo lo haces mal.”
  • Cómo te sentiste: Me siento inseguro.
  • Lo que piensas: No hago nada bien, todo me cuesta.
  • Lo que Dios te revela: Esto explica por qué reacciono mal cuando alguien critica mi trabajo.
  • Entrega: “Señor, te entrego este dolor. No soy un tonto. Mi vida en tus manos es fructífera.”
  • Nuevo pensamiento: “Soy capaz de hacer todo lo que tengo por delante, porque Tú estás conmigo. Y si me equivoco, puedo aprender.”


Porque una herida sin sanar puede llevarnos a herir a otros.

Es tiempo de sanidad. Contémosle a Dios nuestras luchas y pidámosle que nos ayude a hacer Su voluntad y recordemos su promesa:

“Pues Dios es quien produce en ustedes

tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.”

Filipenses 2:13

Oración
Señor, hoy reconozco que hay heridas en mi corazón que necesitan ser sanadas. Tú conoces cada golpe que he recibido, cada dolor que he guardado en silencio, pero hoy decido no esconderlo más.

Te entrego mi dolor, mis pensamientos y mis emociones. Revélame, Espíritu Santo, las raíces de mis heridas. Muéstrame qué hay en mi corazón que necesita tu toque sanador. Renueva mi mente y ayúdame a verme como Tú me ves.

Hoy declaro que soy valioso, que tengo propósito, que mi vida está en tus manos, y que Tú sanas lo que yo no puedo sanar por mí mismo.

Llena mi corazón con tu paz, tu verdad y tu amor, en el nombre de Jesús, amén.

Compartir

Liliana Gebel

Liliana Gebel es una reconocida influencer, líder y autora.

Es Asesor en Salud y Nutrición y tiene un Diplomado Plant Based Chef, que la ha ayudado a llevar una vida más saludable. Es también Coach de Vida y ha aplicado...

Leer más