Lunes 27 de Julio, 2026

¿Cuántas veces hemos dicho o escuchado frases como estas?
“No tengo tiempo para orar”.
“No tengo tiempo para leer la Biblia”.
“No tengo tiempo para ir a la iglesia”.
“No tengo tiempo para hacer lo que realmente amo”.

Vivimos en una sociedad obsesionada con la productividad.
Existen cientos de libros sobre administración del tiempo, planificación y eficiencia. En el mundo empresarial y del coaching, aprender a gestionar el tiempo suele presentarse como una de las claves del éxito.
Uno de los métodos más populares consiste en ver el tiempo como un recurso limitado que debe dividirse cuidadosamente. Agendas, calendarios, listas de tareas y horarios buscan hacer que todo encaje perfectamente. Sin embargo, muchas veces este enfoque produce el efecto contrario: vivimos con la sensación constante de que el tiempo nunca alcanza. Es una mentalidad de escasez.

Esta sensación genera malestar en nuestro interior. Así como la escasez de alimentos nos haría sentir hambre constantemente y vivir con miedo de que no fueran suficientes, creer que el tiempo siempre es insuficiente nos hace vivir apresurados. Dejamos de disfrutar el presente porque estamos pensando en la siguiente tarea. En lugar de administrar el tiempo, terminamos siendo esclavos de él.

Se atribuye a Einstein una explicación informal de la relatividad, que decía que una hora compartida con la persona que amas, probablemente transcurrirá como si hubiera pasado un minuto. Pero, si debes realizar una tarea que detestas, esa misma hora parecerá eterna. La hora no cambió; lo que cambió fue la manera en que la vivimos.
Cuando concebimos el tiempo como un fluir que surge desde nuestro interior, nuestra perspectiva cambia. El tiempo no está allá afuera convirtiéndonos en sus esclavos. Está dentro de nosotros y es un regalo que Dios nos dio. A nosotros nos corresponde organizarnos y hacer que fluya de una manera productiva.

Esto nos enseña que no siempre es la cantidad de tiempo lo que determina nuestra experiencia, sino el propósito y la actitud con la que lo empleamos.
Cuando asumimos la responsabilidad sobre la manera en que usamos el tiempo que Dios nos ha confiado, dejamos de vivir reaccionando ante las urgencias y comenzamos a vivir conforme a las prioridades. Entonces encontramos espacio para trabajar con excelencia, descansar, disfrutar de la familia, cultivar amistades y, sobre todo, dedicar tiempo al Señor.

La Biblia presenta una perspectiva diferente de la escasez.
El tiempo no es un enemigo contra el cual debemos luchar.
● El tiempo pertenece a Dios: “En tus manos están mis tiempos”. (Salmo 31:15).
● Cada día que recibimos es un regalo suyo: “Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él”. (Salmo 118:24).

No todos tenemos la misma cantidad de responsabilidades, pero sí recibimos el mismo regalo cada mañana: veinticuatro horas para administrar. Sin embargo, curiosamente, una hora nunca se siente igual. La verdadera pregunta no es: “¿Tengo tiempo?”. La verdadera pregunta es: “¿Qué ocupa el primer lugar en mi vida?”. Jesús dijo: “Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas”. (Mateo 6:33).

Cuando Dios ocupa el primer lugar, el resto comienza a ordenarse.
Muchas veces decimos que no tenemos tiempo para orar, pero encontramos horas para revisar el teléfono, navegar por las redes sociales o ver varios episodios de una serie. El problema casi nunca es la falta de tiempo; generalmente, son nuestras prioridades.

Hay trabajos en los que las ocho horas parecen interminables. No siempre podemos cambiar nuestras circunstancias de inmediato, pero sí podemos cambiar la manera de vivirlas.
Podemos convertir esos momentos en oportunidades para crecer: escuchar un audiolibro, memorizar versículos, escuchar música que edifique, orar mientras caminamos o simplemente agradecerle a Dios por lo que Él está haciendo en medio de la rutina. Y si, después de buscar al Señor, descubres que ese lugar de trabajo está consumiendo tu vida, afectando tu salud y debilitando tu comunión con Dios, quizá sea tiempo de preguntarle si Él tiene otro camino preparado para ti.

Por otro lado, la frase “no tengo tiempo” muchas veces revela algo más profundo. Tal vez estamos llenando nuestra agenda para evitar enfrentar heridas, silencios o preguntas incómodas. A veces trabajamos sin descanso porque el trabajo nos distrae de aquello que Dios quiere sanar. Moisés hizo una oración que continúa siendo vigente: “Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría”. (Salmo 90:12).

Podemos ser buenos administradores de nuestro tiempo.
Un buen administrador no es quien llena cada minuto de actividades, sino quien aprende a vivir cada día bajo la dirección de Dios.
Quizá hoy no necesites más tiempo, sino volver a poner a Cristo en el centro de tu agenda.
Una vida plena no consiste en hacer más cosas, sino en hacer aquello que Dios nos llamó a hacer. Y cuando obedecemos, encontramos tiempo para todo lo verdaderamente importante: estar en su presencia, descansar, compartir con nuestra familia, compartir con amigos, etc.

Oración
Señor, no te pido más horas, sino la sabiduría para tomar buenas decisiones al momento de administrar mi tiempo. Ayúdame a entender que el tiempo es un regalo que tú me diste, que fluye desde mi interior y que no tengo que ser esclavo de él. Perdóname por no saber administrarlo. Gracias por este maravilloso regalo, en tu poderoso nombre, amén.

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Liliana Gebel

Liliana Gebel es una reconocida influencer, líder y autora.

Es Asesor en Salud y Nutrición y tiene un Diplomado Plant Based Chef, que la ha ayudado a llevar una vida más saludable. Es también Coach de Vida y ha aplicado...

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