Lunes 23 de Febrero, 2026

Muchas de nuestras luchas no comienzan afuera, sino en los pensamientos que creemos sin cuestionar, en las historias que nos contamos diariamente, en los temores que damos por ciertos o en las etiquetas que aceptamos como definitivas. Lo que pensamos no siempre es verdad, y nuestra identidad no depende de nuestra percepción, sino del amor inquebrantable de Dios. Sin embargo, muchas veces dudamos de las verdades que encontramos en la Biblia y de Su amor y cuidado. Tenemos valor no por todo lo que podamos hacer para Dios, sino porque Dios nos ama y somos dignos de Su amor. “El perfecto amor echa fuera el temor”. (1 Juan 4:18). Y, como dice Romanos 8:38-39: “Nada nos podrá separar del amor de Dios”. Cuando aceptamos este amor, Su identidad es moldeada en nosotros, y podemos valorarnos a nosotros mismos y a los demás de la manera en que Cristo lo hace.

En Marcos 14:3 leemos que, cuando María es transformada, como acto de gratitud derrama perfume sobre la cabeza de Jesús. El amor de Jesús había inundado todo su ser y la había hecho libre. Todo sentimiento de vergüenza y el temor al “qué dirán” habían desaparecido, porque ahora había sido iluminada por la verdad acerca de quién era realmente. María comprendió que su valor estaba más relacionado con Jesús que con la opinión de quienes la criticaban por derramar un perfume tan costoso.

En Juan 8:31-32 leemos: “Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. Esta verdad incluye la verdad bíblica sobre Dios, pero también la verdad que confronta nuestro corazón y nuestros pensamientos.

En Efesios 6:12-14, Pablo nos enseña acerca de la armadura de Dios que debemos vestir para defendernos contra los poderes del mal, y uno de sus elementos es el cinturón de la verdad. Muchas veces no consideramos ponernos diariamente el cinturón de la verdad para ayudarnos a nosotros mismos, sino que lo primero que pensamos es que nos va a servir para ponérselo a los demás y exigirles que digan la verdad. Nos imaginamos como una especie de superhéroe que va por la vida reclamando honestidad a todos. Esto me recuerda a una serie de televisión de los años 80 llamada La Mujer Maravilla. Ella tenía un lazo que, al lanzarlo como un vaquero, obligaba a la persona atrapada a decir toda la verdad: el “lazo de la verdad”.

Pero ¿qué pasa con las mentiras que nos contamos a nosotros mismos? ¿Con las historias que inventamos sobre situaciones que quizá nunca sucederán y que, aun así, creemos? Cuando nos mentimos, dejamos de vivir bajo el dominio de Dios y comenzamos a ser guiados por nuestra naturaleza caída, que alimenta nuestros miedos, conflictos, tristezas e ira reprimida. Abrazar nuestras vulnerabilidades permite que Dios tenga acceso a las partes más profundas de nuestro corazón. Es allí donde Él nos encuentra y comienza a sanar nuestras heridas. Es un lugar de dolor, pero también de rendición. Allí comprendemos cuánto necesitamos Su gracia, y es precisamente en ese lugar donde comienza nuestra sanidad. Ese lugar es la presencia de Dios: donde somos quebrantados y donde la verdad nos hace libres.

Busquemos la verdad. Hagámonos preguntas sinceras:

¿Esto que estoy pensando es verdad?
¿Esto que creo sobre mí misma, que nadie se preocupa por mí, es verdad?
¿Esta historia que me estoy contando es verdad? ¿Tengo pruebas reales de ello?

Los conflictos pueden ser un indicador de que hay un problema al que debemos prestar atención en nuestro interior. Usando la alegoría de un automóvil, los conflictos pueden ser como una luz en el tablero que se enciende para indicarnos que debemos revisar algo que está ocurriendo en el motor. La luz no es el problema; es la señal de que algo necesita ser atendido. Pero también pueden ser un indicador de que algo saludable está ocurriendo: hemos dejado de intentar controlarlo todo en nuestras vidas, hemos permitido que Dios tenga acceso a nuestra situación y ahora Él está obrando. Lo que estaba equivocado en nuestra mente comienza a ser confrontado por la verdad.

Muchas veces oramos: “Señor, devuélveme el gozo de tu salvación” (Salmo 51:12), pero no siempre entendemos que Dios puede estar hablándonos precisamente a través de ese dolor interno. Ese malestar puede ser el proceso mediante el cual Él está restaurando lo que estaba desordenado en nuestro corazón. El conflicto no siempre es señal de fracaso; muchas veces es señal de transformación. Cuando decidimos ser auténticos delante de Dios, sin máscaras ni justificaciones, comenzamos a creer con mayor profundidad en Sus promesas. Y en esa autenticidad, en esa rendición sin reservas, el gozo vuelve, no porque las circunstancias cambien de inmediato, sino porque nuestra confianza vuelve a estar anclada en Él. Dios no quiere simplemente solucionarnos los problemas, porque ellos son parte de la vida; Él quiere que lo busquemos en medio de ellos, para fortalecer nuestras partes débiles, sanar las incoherencias de nuestras vidas y sostenernos en medio de las tristezas que nos asaltan. Él quiere tener una relación con nosotros. Quiere que aprendamos a depender de Él más que de nuestras emociones fluctuantes o de la opinión de los demás.

Cuando dejamos que Su verdad penetre en nuestras mentiras internas, nuestros temores comienzan a perder fuerza. Cuando permanecemos en Su presencia, entendemos que nuestro valor no depende de lo que hacemos ni de cómo nos ven otros, sino de quiénes somos en Cristo: amados, escogidos y redimidos. Y es en ese lugar, en Su presencia, donde la verdad nos libera, donde el amor echa fuera el temor y donde nuestra identidad es restaurada.

 

Oración
Señor, hoy quiero acercarme a Ti con un corazón sincero. Muéstrame las mentiras que he estado creyendo y enséñame a distinguir entre mis pensamientos y Tu verdad.

Ayúdame a ponerme cada día el cinturón de la verdad, no para exigirla a otros, sino para vivir bajo ella. Recuérdame que mi valor no depende de mi desempeño ni de la aprobación de las personas, sino de Tu amor perfecto.

Ilumina las áreas oscuras de mi corazón y sana mis heridas. Dame la fortaleza para enfrentar mis debilidades y enséñame a rendirme en ese lugar donde duele, pero donde también comienza la libertad. Deseo con todo mi corazón que Tu verdad me haga libre y que Tu perfecto amor eche fuera todo temor. En Tu poderoso nombre, amén.

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Liliana Gebel

Liliana Gebel es una reconocida influencer, líder y autora.

Es Asesor en Salud y Nutrición y tiene un Diplomado Plant Based Chef, que la ha ayudado a llevar una vida más saludable. Es también Coach de Vida y ha aplicado...

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