Lunes 08 de Junio, 2026

La gracia es inexplicable para la ciencia actual, pero para nosotros, los cristianos, es un don milagroso. La gracia es accesible para todos; solo que algunos la aprovechan y otros no. La gracia proviene de Dios: es Su amor hacia nosotros.

Nuestro desarrollo espiritual es difícil y exige esfuerzo, porque se realiza contra nuestra resistencia natural y nuestra naturaleza pecaminosa. Nos aferramos a viejos mapas y modos de actuar, y preferimos seguir el camino fácil. Solemos decir: “Bueno, que Dios me use como soy”. El milagro es que podemos superar esas resistencias y creer que Dios puede obrar en nuestro interior y transformarnos para ser mejores personas. Vamos creciendo hasta alcanzar la estatura de la plenitud de Cristo; esa es nuestra meta. Dios es nuestra fuente y nuestro destino; es el Alfa y la Omega, el principio y el fin.

Aunque parezca simple de entender, nos resulta difícil de asimilar, porque, si lo creemos, nos exigirá entregar todo nuestro ser a Cristo, y a veces nos cuesta soltar el control. Cristo vino a salvarnos, pero también a transformarnos. El psiquiatra Scott Peck considera que el obstáculo fundamental al que nos enfrentamos como cristianos no es el pecado en sí, sino la pereza. Cuando Adán y Eva escucharon a la serpiente y no escucharon lo que Dios tenía para decirles, en ningún momento llevaron adelante un debate interno entre el bien y el mal. No tuvieron un intermediario entre la tentación y la acción. Ese es precisamente el punto: cuando no indagamos en nuestro interior, nos acercamos a la esencia del pecado. No podemos actuar de forma impulsiva; debemos detenernos, reflexionar y escuchar a Dios. Adán y Eva no escucharon a Dios, que habitaba con ellos. No lo hicieron porque fueron perezosos. Cuesta trabajo desarrollar estos debates internos; exigen tiempo y energía.

Cuando un matrimonio siente que ya no están enamorados, o que se están distanciando, y caen en la infidelidad, buscando desesperadamente el “amor verdadero”, muchas veces no advierten que el simple hecho de reconocer el problema entre ellos, podría ser el comienzo de una nueva etapa del matrimonio, y no necesariamente su final.

Una de las principales formas que puede adoptar la pereza es el temor. Muchas veces sabemos que debemos hacer un cambio en nuestras vidas, pero la idea nos aterra, no solo por el cambio en sí, sino también por el esfuerzo que implica. Por eso hay tanta gente que toma conciencia de su problema, pero prefiere alejarse en lugar de trabajar para solucionarlo. Las personas que se han permitido atravesar un proceso de desarrollo espiritual son las que mejor perciben su propia pereza. No culpan a los demás, sino que reconocen que deben trabajar en sí mismas para que las cosas mejoren.

El mejor lugar para encontrar la gracia es nuestro propio interior, allí donde habita Cristo. Su presencia está en nosotros. Nuestros problemas se originan cuando nos apartamos de la voluntad de Dios; por eso es importante que nuestra identidad esté en Él. Una vida espiritual afianzada en Dios nos llenará de satisfacción. Nos sentiremos felices, aun cuando estemos atravesando una tormenta difícil, porque seremos conscientes de que Su extraordinaria presencia está en nosotros. Y, por ende, nuestro yo solo dirá: “Señor, que se haga tu voluntad, no la mía. Haz de mí un instrumento en tus manos”.

La gracia de Dios nos alcanza tal como somos, pero Su propósito es transformarnos. Aceptar esa obra requiere humildad, perseverancia y la disposición de permitir que Él continúe moldeando nuestra vida día tras día.

La gracia nos ayudará a no tropezar, pero, si lo hacemos, sabemos que Dios siempre nos espera con los brazos abiertos.

“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta
Romanos 12:2”

Oración
Señor, tu gracia es maravillosa. Tu inmenso amor inmerecido me conmueve. Sé que me amas tal cual soy, con todas mis fallas y errores, y no hay nada que pueda hacer para que me ames más, pero no quiero solamente ser un observador de tu gracia, quiero permitir que tu gracia me transforme. No quiero resistir al cambio, aunque cueste. Ayúdame a escuchar tu voz y permitir que moldees mi vida día tras día. Gracias Dios por tanto amor.

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Liliana Gebel

Liliana Gebel es una reconocida influencer, líder y autora.

Es Asesor en Salud y Nutrición y tiene un Diplomado Plant Based Chef, que la ha ayudado a llevar una vida más saludable. Es también Coach de Vida y ha aplicado...

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