Lunes 23 de Marzo, 2026

No era la primera vez que me sentía atrapada en una situación. Ya había identificado ese sentimiento: era el mismo patrón. No se trataba de las circunstancias, sino de mi forma de verlas. Me frustraba y sentía que debía hacer más para solucionar el problema, pero luego me daba cuenta de que no estaba funcionando. Quería crear mis propias estrategias y poner varias ideas sobre la mesa para resolver el asunto. Pero, en determinado momento, me cansé de sentirme así y comencé a darme cuenta de que Dios quería que descansara y confiara en Él; que soltara los problemas y las circunstancias, y entrara en un nuevo tiempo.

Te diré que no fue una temporada agradable. Quedarme quieta, sin hacer nada, se sentía como un castigo. Pero Él, en su amor, me mostró que había lugares en mi corazón que necesitaban ser sanados. Allí fue donde Dios cambió los lentes con los que miraba todo a mi alrededor, mis lentes espirituales. A veces no tenían la graduación correcta. Miraba a través de ellos y veía todo borroso, o el lente tenía demasiado aumento y sobredimensionaba todo.

Dios me estaba invitando a un proceso de sanidad, en el cual me pedía que comenzara a cuestionar mi manera de pensar:

  • ¿Estos pensamientos hacen que mi fe crezca o se debilite?
  • ¿De quién es la historia que me estoy contando?: ¿la mía, sostenida por mis propias fuerzas y decisiones, o la de Dios?


Mis convicciones debían ir más allá de mis sentimientos y alinearse con la Palabra de Dios.

Cuando le di acceso a Dios a los lugares más profundos de mi ser, Él comenzó a mostrarme los miedos que por tanto tiempo había manejado de manera silenciosa, enmascarándolos espiritualmente para que no dolieran tanto. No queremos quedarnos quietos ni ir a esos lugares áridos de nuestra alma que necesitan recibir sanidad, porque puede ser doloroso.

Pero allí estaba el Señor, como dice Salmos 23:1-3:

“El Señor es mi pastor, nada me falta;
 en verdes pastos me hace descansar.
 Junto a tranquilas aguas me conduce;
 me infunde nuevas fuerzas.
 Me guía por sendas de justicia
 haciendo honor a su nombre.”

El Señor nos invita a descansar. Nos guía a aguas tranquilas, porque la vida se vuelve tan ruidosa que nos cuesta escuchar su voz. Él nos infunde fuerzas cuando nos sentimos agotados y nos guía por sendas de justicia para nuestro bien.

Si estás pasando por una temporada de tormentas incontrolables, de desiertos desolados, o sientes que todo se complica, tal vez no se trate de que estés haciendo algo mal, sino de que Dios te está llevando a esos lugares para moldearte, sanarte y fortalecerte. Y te aseguro que valdrá la pena. Soltar nuestros problemas, quedarnos quietos y reposar en Él es la mejor decisión que podemos tomar. No miremos nuestras circunstancias; miremos a Dios obrando a través de ellas.

Esto me recuerda la vida de Sara. No solo era una mujer estéril que deseaba tener un hijo, sino que su historia estaba ligada a una historia mucho más grande, en la cual el personaje principal era Dios. Ella sería madre de multitudes, y a través de su linaje nacería Jesús.

Cuando la espera se alarga, Dios utiliza sus promesas para desarrollar nuestro carácter, transformarnos en una nueva persona y llevarnos a decir: “Fiel es el que prometió”.

Oración
Gracias, Señor, por hablarme una vez más y por hacerme entender que, cuando tú me pides que suelte algo y me quede quieta, estás trabajando en mí, transformando mis pensamientos limitantes por medio de tu verdad, para que pueda vivir plenamente libre en ti.

Ayúdame a ver mi vida como parte de algo mucho más grande, que ahora quizá no puedo comprender del todo, pero en lo cual decido confiar, porque tú eres el protagonista de mi historia.

Gracias, Señor, por tu amor. En tu poderoso nombre, amén.

Compartir

Liliana Gebel

Liliana Gebel es una reconocida influencer, líder y autora.

Es Asesor en Salud y Nutrición y tiene un Diplomado Plant Based Chef, que la ha ayudado a llevar una vida más saludable. Es también Coach de Vida y ha aplicado...

Leer más