Lunes 09 de Febrero, 2026

Cuando era niña, hubo una maestra que marcó mi vida: la señorita Gladys, mi maestra de sexto grado. Siempre la veía con su guardapolvo blanco, dentro del aula, en el contexto ordenado de la escuela. Para mí, ella pertenecía a ese espacio.

Un día nos invitó a todas las niñas del grado a su casa a tomar el té. Recuerdo la sorpresa de verla vestida de manera cotidiana, en su ambiente familiar, rodeada de sus objetos, su decoración y su mundo personal. Algo dentro de mí se desacomodó: no encajaba con la imagen que yo había construido. Con el tiempo entendí algo importante: mi percepción no la limitaba a ella, pero sí limitaba mi relación con ella. La forma en que yo la veía determinaba cómo me acercaba, cómo hablaba y cuánto confiaba.

Con Jesús ocurre algo parecido. La imagen que tenemos de Él no reduce quién es Él en realidad, pero sí puede restringir nuestra cercanía, nuestra entrega y nuestra confianza. En Lucas 9:20, Jesús hace una pregunta directa a sus discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Ellos habían visto milagros, habían escuchado sus enseñanzas y habían caminado a su lado. Sin embargo, solo cuando reconocieron su verdadera identidad, que Él era el Hijo de Dios, estuvieron dispuestos a seguirlo sin reservas.

Es posible que nuestra dificultad para rendirle todo a Dios no tenga que ver con no querer seguirlo, sino con una visión incompleta de quién es Él. No nos entregamos por completo a Aquel cuya grandeza aún no hemos comprendido.

A lo largo de mi vida, muchas veces percibí a Dios de una manera distorsionada. Hubo momentos en que lo sentí lejano, limitado, incluso más pequeño que mis propios problemas. Hoy entiendo que eso no hablaba de Él, sino de las etiquetas limitadas con las que yo lo había conocido. Pero, mientras más caminé con Él, más evidente se volvió una verdad: mis dudas y mis temores revelaban el nivel real de mi confianza hacia mi Señor. No creía plenamente en su soberanía como para dejar en sus manos el resultado de mi futuro.

Si queremos medir cuánto confiamos en Dios, hay una señal clara: cuánto le hemos entregado. En Lucas 5:11 leemos que los discípulos, dejándolo todo, lo siguieron. Y en Lucas 9:23–25, Jesús habla de negarnos a nosotros mismos, cargar la cruz cada día y seguirlo, incluso perdiendo nuestra vida por causa de Él. Aquí surge una pregunta profunda: ¿queremos ser solo admiradores del Maestro, seguirlo y escuchar sus enseñanzas, o queremos ser verdaderos discípulos? Ser discípulo implica rendición, sumisión amorosa y una entrega total.  Muchos seguían a Jesús solo porque tenía lindas enseñanzas o porque necesitaban un milagro. Ser discípulo no es solo caminar detrás de Jesús, sino poner nuestra vida entera en sus manos.

Hoy el Señor vuelve a preguntarnos: “¿Quién dices tú que Soy Yo?”.

El discípulo descubre su verdadera vida en Él, porque, como dice Colosenses 3:3, nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Y cuando nuestra vida está escondida en Él, ya no necesitamos controlarlo todo, entenderlo todo ni sostenerlo todo. Podemos descansar. Rendirlo todo no es perder: es, finalmente, estar en un lugar seguro. Porque solo cuando soltamos nuestra propia vida en Él, descubrimos que siempre estuvimos sostenidos por sus manos.

Oración
Señor, hoy quiero reconocerte tal como eres y no como mis temores te han dibujado. Perdóname por las veces en que te vi pequeño, distante o limitado, cuando en realidad eres soberano, cercano y poderoso.

Enséñame a confiar en Ti de una manera real, a entregarte mis planes, mis tiempos, mis preocupaciones y mi futuro. Quiero negarme a mí mismo, tomar mi cruz cada día y seguirte con un corazón rendido. Hazme un verdadero discípulo, de esos que lo dejan todo porque han descubierto que en Ti está la verdadera vida de plenitud, aun cuando los problemas me rodeen. Hoy respondo a tu pregunta:
Tú eres mi Señor, mi Salvador, el Hijo de Dios. Y mi vida está segura en Ti.
Amén.

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Liliana Gebel

Liliana Gebel es una reconocida influencer, líder y autora.

Es Asesor en Salud y Nutrición y tiene un Diplomado Plant Based Chef, que la ha ayudado a llevar una vida más saludable. Es también Coach de Vida y ha aplicado...

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