Lunes 27 de Enero, 2026

Cada vez que veas esta imagen, encontrarás una porción de la Biblia. Me encanta la versión
“El Mensaje”, escrita en un lenguaje claro y profundo. Fue diseñada para que sus historias y
enseñanzas se sientan actuales y sean fáciles de entender, como si se hubieran escrito hoy.
Vas a experimentar las Escrituras de una manera directa.

Te sugiero que leas en voz alta. Hacerlo te ayudará a recordar y comprender mucho mejor lo
que lees, y te conectará emocionalmente con cada palabra. Está comprobado científicamente
que recordarás más lo que dices o lees en voz alta que lo que solo observas en silencio.
Cuando lees y compartes con otros, propicias un ambiente reflexivo y de oración.
Isaías 6:1-8


¡Santo, Santo, Santo!

En el año en que murió el rey Uzías,
vi al Señor sentado en un trono:
¡alto, excelso! y los bordes de su vestidura llenaban el templo.

Sobre él volaban ángeles serafines que tenían seis alas.
Con dos cubrían sus rostros, con dos sus pies y con las otras dos volaban.

Se llamaban unos a otros y se decían:

Santo, santo, santo es el Dios de los ejércitos celestiales.
Su gloria resplandeciente llena toda la tierra.

Los cimientos se estremecieron al sonido
de las voces de los ángeles, y luego toda
la casa se llenó de humo. Yo dije:

¡Ay de mí! ¡Es el día del juicio final! ¡Estoy muerto!
Cada palabra que he dicho está manchada…
¡incluso han sido blasfemas!
y la gente con la que vivo habla de la misma manera,
usan palabras corrompidas y profanas.
¡Y he aquí, he visto a Dios a la cara!
¡Al Rey! ¡Al Dios de los ejércitos!

Entonces uno de los ángeles-serafines
voló hacia mí. Sostenía un carbón encendido

que había sacado del altar con unas tenazas.
Tocó mi boca con el carbón y dijo:

– Mira. Este carbón ha tocado tus labios.
Se ha ido tu culpa,
tus pecados han sido borrados.

Y entonces oí la voz del Señor:
– ¿A quién enviaré?
¿Quién irá por nosotros?

Yo respondí:
– Yo iré. ¡Envíame a mí!

Isaías, ante la tremenda revelación de ver a Dios, se sintió indigno y vio su verdadera condición. Al contemplar a Dios en su majestad, pudo verse a sí mismo y reconocer lo pecador que era.

El carbón encendido representa la purificación, y luego de esa purificación, viene el llamado.
A diario debemos ir a Su presencia y limpiarnos, morir a nuestro yo y permitir que el aroma de
la presencia de Dios en nuestras vidas suba hacia Él.

Oración
Señor, estoy dispuesto a ser limpiado, renovado y responder a tu llamado. Perdóname por vivir
tan distraído en mis ocupaciones y no tomar tiempo para contemplar tu presencia a diario.
Purifica mis labios, mis pensamientos y mi corazón. Quiero responder a tu llamado diciendo:
“Yo iré, envíame a mí”.

Biblia “El Mensaje”

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Liliana Gebel

Liliana Gebel es una reconocida influencer, líder y autora.

Es Asesor en Salud y Nutrición y tiene un Diplomado Plant Based Chef, que la ha ayudado a llevar una vida más saludable. Es también Coach de Vida y ha aplicado...

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