Lunes 12 de Enero, 2026

“Ahora bien, la fe es tener confianza en lo que esperamos; es tener certeza de lo que no vemos.”
Hebreos 11:1 (NVI)

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”
Hebreos 11:1 (Reina-Valera)

La fe no es simplemente un sentimiento bonito ni una esperanza optimista. La fe, tal como la presenta la Escritura, es algo mucho más profundo.

El término que se traduce como certeza o confianza; implica una seguridad firme. El texto original utiliza la palabra griega hupóstasis; esta palabra hace referencia a algo real, a un fundamento sólido. La fe no se basa en deseos inciertos, sino en la realidad de las promesas de Dios. Nos paramos en ellas con firmeza, como si aquello que esperamos para el futuro ya estuviera presente en nuestras manos. Luego, el pasaje habla de las cosas que se esperan y utiliza la palabra griega prágmata: cosas concretas, reales, no ideas abstractas, ni ilusiones. Lo que Dios promete no es frágil ni imaginario; es sustancial, práctico y sólido, porque procede de Aquel que no puede mentir. Finalmente, la fe es descrita como la convicción de lo que no se ve. Aquí aparece el término élenkhos, que señala una evidencia interna tan fuerte que convence, aun cuando los sentidos no puedan confirmarla. Es una certeza que no nace de lo visible, sino del carácter de Dios. Por eso, la fe tiene una naturaleza particular: contempla lo invisible como si fuera visible y abraza lo futuro como si ya hubiera llegado. No porque la realidad externa haya cambiado, sino porque la confianza en Dios transforma nuestro interior.

La fe científica, necesita observar y se apoya en evidencias empíricas; la fe bíblica, en cambio, requiere confiar y se sostiene en el Dios fiel. Por eso, quien afirma: “yo sé en quién he creído”, no lo hace basándose en datos o circunstancias observables, sino en una relación, en la credibilidad de quien promete. Cuando creemos, caminamos aun sin ver el camino. Confiamos en sus promesas, aunque todavía no veamos su cumplimiento. Tener fe es escuchar la voz de Dios en medio del silencio y decir: “Amén”.

Quizás hoy no veamos el fruto, ni el avance, ni mucho menos la respuesta. Sin embargo, la fe no espera ver para creer. Dios está obrando incluso cuando no lo percibimos. Sus prágmata (sus realidades concretas) ya están en camino. La hupóstasis (su sustancia y fundamento) es segura. Y el élenkhos (su evidencia convincente) se revelará en el tiempo perfecto.

Oración
Señor, fortalece mi fe. Enséñame a confiar no en lo que veo, sino en lo que Tú has dicho.
Haz que tu Palabra sea más real para mí que las circunstancias que me rodean. Permíteme abrazar tus promesas como realidades presentes y caminar con la certeza de que Tú eres fiel. En tu poderoso nombre, amén.

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Liliana Gebel

Liliana Gebel es una reconocida influencer, líder y autora.

Es Asesor en Salud y Nutrición y tiene un Diplomado Plant Based Chef, que la ha ayudado a llevar una vida más saludable. Es también Coach de Vida y ha aplicado...

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